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El fracaso del presidente al Parlamento, como resultado de la nueva imagen que se está dando a la corrupción en nuestro país, hecho absolutamente reprobable, ha planteado la posibilidad de presentar una moción de censura al gobierno de permitir la comparecencia. Sin embargo, la naturaleza de la moción de censura constructiva hace que sea una mala herramienta para lograr ese propósito.

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La moción de censura tiene como objetivo principal derrocar al gobierno. Está obligado a hacer un candidato alternativo y el voto favorable de la mayoría absoluta del Congreso de los Diputados. Las mociones de censura presentadas hoy, el PSOE contra el Gobierno de UCD y PP contra el gobierno del PSOE, fracasaron, dadas las mayorías de sistemas existentes, el efecto deseado, pero había otros. En el primer caso, Adolfo Suárez se vio obligado, meses más tarde, a presentar una cuestión de confianza, con el fin de prevenir o mitigar el aislamiento político en el que se encontraba. En el segundo caso, se pretende que el candidato a Primer Ministro, Hernández Mancha, por no tener la condición de diputado, salir de su ostracismo político y podría intervenir en el Congreso y así promover su condición de candidato a la Presidencia.

No debemos olvidar que en la moción de censura el protagonista es un candidato a la Presidencia del Gobierno, que debe exponer el programa político que pretende desarrollar. A continuación, los representantes de los grupos parlamentarios pueden fijar su posición sobre el programa y sobre la idoneidad del candidato. Es decir, corresponde a Rubalcaba (o era) todo el papel de partida y el representante del grupo del PPE, que no tiene por qué ser necesariamente Rajoy, fijan la posición de su partido político en este sentido. Por lo tanto, la presentación de una moción de censura debe centrarse sobre todo un programa político del gobierno (y no sólo en la corrupción) e incluso forzar al actual primer ministro de intervenir. Esto, debido a que la moción de censura en lugar de un mecanismo de cierto control político sobre el gobierno, que tiene es el estado de la técnica parlamentaria para permitir una alternativa a la misma.

Todos estos temas son bien conocidos por un estudiante de derecho primero. Pero parece que nuestros políticos no lo tienen tan claro. Ellos deben buscar, entonces, otras técnicas parlamentarias (y si alguno hubiere) para forzar al primer ministro a aparecer y hacer oportuna y discutir tema específico. Nuestro modelo de parlamentarismo racionalizado no es tan difícil de entender.