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LA ASAMBLEA LEGISLATIVA

Todos sabemos, o deberíamos ser, que la esencia de los sistemas políticos democráticos, a diferencia autoritaria, es una integración de todos, incluso en contra de las decisiones políticas del sistema propio, para la realización de las alternativas de políticas públicas es posible. Por lo tanto, no se fomenta la participación y la apatía política. Por lo tanto todos los que son legítimos planteamientos que abogan por una reforma del propio sistema. Y así, la expresión no violenta de los diferentes enfoques de política están permitidas. Por lo tanto, los sistemas democráticos no crean o promueven opciones o personas anti, para todos y todas caben en su interior.

Por lo tanto, son plantes legítimas a nuestros representantes, manifestaciones públicas, espontánea o convocado, como el ejercicio de la libertad de expresión afecta la información de piquetes, las reclamaciones de responsabilidad, la discrepancia en las decisiones políticas y judiciales, etc. … El único límite es el Código Penal, que se caracteriza por el principio de intervención mínima.

Todo ello, además, en un momento político donde la confianza dada por los ciudadanos a su gobierno ha sido traicionada, ya que no se han cumplido los llamados “contrato de término”. De hecho, los ciudadanos votan por un determinado opción política para llevar a cabo un programa político que ha puesto su conocimiento y consideración. No dar un cheque en blanco. Cuando esa política y un programa sustancialmente modificadas radicalmente, los ciudadanos, por un lado, están libres de cualquier compromiso y, en segundo lugar, tienen derecho a decidir sobre el nuevo programa se está llevando a cabo. No siempre es cierto que los gobiernos tienen derecho a gobernar toda la legislatura hasta las nuevas elecciones.

Otra cuestión, radicalmente diferente y ajeno a la esencia del sistema democrático, es visto como anti-personas elecciones y todos aquellos que no están de acuerdo con las declaraciones oficiales de la fuerza política en circunstancialmente poder. Esta es la tesis, a falta de mejores argumentos, gran parte de los periodistas, compañeros y otros personajes de la derecha mediática de este país. Está claro que ellos no creen en el sistema democrático o su potencial transformador. Ellos son el verdadero anti, pero no porque están excluidos del sistema democrático, que los tolera, sino porque voluntariamente colocados fuera.