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La crisis económica, y más concretamente las medidas adoptadas por las autoridades para salir de ella, están causando, además de una crisis institucional alarmante, un creciente número de personas que ingresan a las filas de la exclusión social. Al mismo tiempo, las desigualdades están aumentando y la gente pasa por la triste calle, tranquilo y, lógicamente, cabreado de forma permanente.

Todos podemos entender que, durante un determinado período de tiempo, las medidas excepcionales, que no debe afectar a los servicios esenciales y deben respetar el principio de igualdad formal y material consagrado en nuestra Constitución. Pero nadie entiende que un impuesto sobre las grandes fortunas no se crean; que el impuesto sobre el patrimonio y la herencia no se restaura; que no hay responsabilidades, civiles y penales, a los responsables de la crisis requiere; razón por la que los grandes bancos son recompensados, la inyección de fondos que pagamos todos los ciudadanos y que les permite actuar abusivamente, como es en el caso de desalojo; que los casos de corrupción no se quedan solos, y así sucesivamente.

Además, todos te pierdas los diversos partidos y organizaciones sociales, autoridades públicas, no están de acuerdo sobre la adopción de una serie de medidas. El caso de Portugal, con la decisión de la Corte Constitucional de declarar ciertas medidas tomadas por el gobierno por violar el principio de igualdad de cero, puede conducir a un aumento de los cortes y una nueva reducción de las prestaciones sociales. ¿Y si eso ocurre en España, donde el presupuesto es similar? Todas las medidas adoptadas por el Gobierno se apelan a nuestro Tribunal Constitucional y aunque esto en los próximos meses tiene que pasar una composición a favor del gobierno, si así se decide de manera similar a su homólogo portugués, el caos económico necesariamente conducir a un rescate integral de nuestro país.

La gente está enojada y con razón. Espere, exigiendo que sus líderes, en todos los niveles, están a la altura de la ocasión, no comienzan a luchar en el “que de” y actuar en consecuencia. La crisis global de nuestro sistema político está a punto de ocurrir y, me temo, que esto es más grave que la propia crisis financiera.