Consulta Online

EL EMPRENDIMIENTO CONSTITUCIONAL

Las recientes declaraciones del presidente de la CEOE sobre los “privilegios” de los trabajadores con contrato indefinido y manifestaciones anteriores de otros líderes y la situación jurídica de un ex propio líder, que se ven obligados a pedir a la naturaleza jurídica y el estado del yo que debería ser el espíritu empresarial constitucional. Nos referimos a los que son, al mismo tiempo, los propietarios de las empresas, no sólo los gerentes que son lo mismo y que son propiedad de terceros, no siempre es fácil de identificar, ya que los propietarios son empresas de negocios, como parte de las multinacionales, muchas de ellos reubicado y se coloca en los paraísos fiscales reales.
Todos los días hay que destacar con más fuerza que los poderes privados también están sujetos a la Constitución y otras leyes. Esos son ajenos a un conjunto de principios y criterios normativos a la que todos deben ajustar su actuación, no puede soportar a un lado o en contra de esas normas. Los empleadores, o cualquier sector de ella-, no pueden seguir pensando que está por encima de las normas y que la Constitución es un mero documento político que es irrelevante para ellos.
Nuestra Constitución establece la propiedad privada y la libre empresa como auténticos derechos constitucionales, pero no como derechos fundamentales. Esto, además de su otro tipo de protección legal, que son más limitados y que, en caso de conflicto con un derecho fundamental, esto es lo que informa y se irradia a los restantes derechos asumidos. Así, por ejemplo, el propietario de una institución educativa no puede actuar desde criterios empresariales clásicos, debido a que sus derechos de propiedad son informados por el derecho a la educación y libertad de enseñanza. O el dueño de una compañía de medios de comunicación (periódicos, televisión) debe respetar la libertad de expresión y el derecho a la información. Sin olvidar que el derecho a la propiedad no es un derecho absoluto al disfrute de la misma, ya que esta función sólo se puede predicar, y lleno de matices, la propiedad de los bienes de consumo, pero no la propiedad de la producción de medios, la expresión es, sin duda utilizado nuestra Constitución ( art. 129.2.), y señaló que las autoridades establezcan los medios necesarios para facilitar el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción. Liderando a proclamar que incluso el propio concepto de negocio ha experimentado una importante evolución, puesto que ya no se identifica con la persona empresario / propietario, pero los trabajadores son también ahora, pero no lo tienen. Es decir, que es constitucionalmente admisible que el emprendimiento obtener sus beneficios; pero también lo es que los trabajadores participen en ellas en la medida en que la empresa tendría que invertir parte de esos beneficios en las prestaciones sociales derivadas del marco constitucional (la educación, la igualdad, la salud, etc.) y que dan lugar a la propia bienestar bienestar de los trabajadores. Pero lo que no es aceptable es que una transferencia de bienes y servicios, los ingresos en pocas palabras, se produce en aquellos que utilizan su trabajo a favor de los dueños del capital. El necesario equilibrio entre los dos es lo que exige nuestro estado de derecho.
Pero también es que el negocio organizaciones están constitucionalizado en nuestra Ley Fundamental (art. 7), con una similar a los sindicatos de estado legal del comercio, y no muy diferente de la de los partidos políticos. ¿Qué significa todo esto? Debido a que nuestros constituyentes eran conscientes del papel de los llamados agentes sociales en el estado contemporáneo. Por lo tanto, nuestra Constitución contempla su existencia y les da un estatus legal mínimo que impide a nuestros empresarios a actuar como si fuéramos a principios del Estado liberal.
Insta, por lo tanto, no sólo capacitar a los trabajadores, sino también a la propia clase de negocios, haciéndoles entender -y también que tengan que llevar a la práctica, que es el espíritu empresarial constitucional. Declaraciones como las del señor Rosell, a pesar de que están protegidos por el derecho a la libertad de expresión, no sólo están fuera de lugar, pero deben conducir a los negocios y la responsabilidad política. La CEOE no puede ser llevado por este hombre. Esperemos que, esta vez, al menos, las autoridades públicas, que tienen un deber positivo de cumplir con la Constitución, no tienen silencio cómplice y actuar en consecuencia.